Quiero comprar oro (o plata) y no sé por dónde empezar
La guía que me habría gustado leer antes de comprar mi primera moneda: qué significa cada palabra rara, si te conviene oro o plata, y los errores típicos del principiante.
Quieres comprar tu primer oro. O tu primera plata.
Y en cuanto te pones a mirar, te caen encima palabras raras: spot, premium, bullion, onza troy, ley 999...
A mí me pasó lo mismo. Ocho pestañas abiertas y la sensación de haber llegado a mitad de película.
Esta es la guía que me habría gustado encontrar aquel día. Sin humo. En diez minutos sales sabiendo lo que de verdad necesitas.
¿Por qué metal físico?
Hay mil formas de "tener oro": fondos, acciones de mineras, productos que cotizan en bolsa...
Todas tienen algo en común: el oro lo tiene otro. Tú tienes un papel (bueno, una anotación en una pantalla).
El metal físico es lo contrario. Una moneda en tu mano. Sin intermediarios, sin comisiones anuales, sin depender de que una plataforma abra o cierre.
¿La pega? Que venderlo no es apretar un botón. Tienes que ir a una tienda o mandarlo, y eso lleva su tiempo.
Si buscas especular a corto plazo, esto no es lo tuyo. Si buscas ahorrar en algo que puedas tocar, sigue leyendo.
El vocabulario mínimo
Cinco palabras. Con esto entiendes cualquier tienda del sector.
Spot. El precio del metal en el mercado mundial, ahora mismo. Cambia cada segundo. Es el número que ves en la cotización.
Onza troy. La medida en la que se vende casi todo: 31,1 gramos. Ojo, no es la onza de las recetas de cocina (esa pesa 28,35). Cuando alguien dice "una onza de oro", habla de esta.
Bullion. Monedas y lingotes que valen por el metal que contienen, no por ser raros o antiguos. Un Krugerrand de este año es bullion. Una moneda romana es coleccionismo, y eso es otro deporte.
Premium. Lo que pagas por encima del spot. Si el oro cotiza a 100 y la moneda cuesta 106, el premium es un 6%. Ahí está la fabricación, el margen de la tienda... y ahí es donde se gana o se pierde al comparar.
Ley. La pureza. 999 quiere decir 99,9% de metal puro (la Filarmónica, el Maple Leaf). 916 quiere decir 91,6% (el Krugerrand, el Soberano). Y no, una moneda 916 no es "peor": pesa más para que dentro lleve la misma cantidad de oro. Una onza es una onza.
Ya está. Ya hablas el idioma.
¿Oro o plata?
La diferencia que nadie te cuenta a la primera: los impuestos.
El oro de inversión está exento de IVA en España (y en toda la Unión Europea). Compras 100 € de oro y pagas 100 € más el premium. Punto.
La plata, no. La plata paga su 21% de IVA como si fuera una tostadora.
Eso hace que la plata parta con desventaja: nada más comprarla, ya vas un buen trecho por detrás. Hay maneras de suavizarlo —algunas tiendas venden con regímenes especiales que rebajan la factura—, pero eso da para un artículo entero. Caerá.
Entonces, ¿cuál elijo?
El oro concentra mucho valor en poco espacio: una sola moneda son varios miles de euros. La plata te deja empezar con poco: una onza cuesta lo que una cena para dos.
Mi resumen honesto: si quieres aprender el proceso sin jugarte mucho, la plata es una escuela estupenda. Si quieres ahorrar en serio y que Hacienda no se lleve nada por el camino, el oro juega con ventaja.
¿Monedas o lingotes?
Las dos cosas son metal. La diferencia está en cómo se compran y se venden.
Las monedas son el estándar mundial. Un Krugerrand lo reconocen en cualquier tienda del planeta, se vende por unidades y no necesitas certificados: la moneda es su propio certificado.
Los lingotes tienen menos premium a partir de cierto peso: fabricar una pastilla lisa es más barato que acuñar una moneda. A cambio, son menos flexibles: un lingote de 100 gramos se vende entero o no se vende.
Para empezar, monedas. Casi siempre.
Cuando ya tengas rodaje y quieras mover cantidades más grandes, los lingotes empiezan a tener sentido.
Cómo se compra, en la práctica
Nada de mercados exóticos ni intermediarios misteriosos. En España hay tiendas especializadas que llevan años en esto: eliges, pagas, te lo mandan a casa con seguro (o lo recoges en persona).
El truco no está en dónde comprar. Está en a qué precio.
Porque la misma moneda, el mismo día, puede costar un 2%, un 3% o un 5% más según la tienda. Y ese dinero no vuelve.
Para eso monté LaOnza: entras, miras quién tiene tu moneda más barata en oro o en plata, y rematas la compra en la web de la tienda. El envío y la forma de pago los cierras allí, pero lo gordo —no pagar de más— ya lo traes hecho.
Los errores del principiante
Todos son evitables. Te los dejo para que no tropieces donde tropezamos los demás.
Comprar sin mirar el premium. "El oro está a tanto" no basta. Lo que importa es cuánto pagas tú por encima. Dos tiendas, misma moneda, premiums distintos: ahí está la diferencia.
Pagar más por el año de la moneda. Un Krugerrand de 2026 y uno de 2015 llevan exactamente el mismo oro. Si la tienda te ofrece "año aleatorio" más barato, cógelo sin miedo. El año solo importa en coleccionismo, y tú estás comprando metal.
Olvidarte del IVA de la plata. Ese 21% no es letra pequeña: es la quinta parte del precio. Cuéntalo antes, no después.
Comprar monedas "conmemorativas" de anuncio. Ediciones limitadas, baños de oro, certificados con lacre... Si te la venden por la tele o por teléfono, el premium suele ser un disparate. Bullion de toda la vida: Krugerrand, Filarmónica, Maple Leaf, Britannia. Aburrido y eficaz.
Ignorar los gastos de envío. En compras pequeñas, el envío puede comerse lo que ahorraste comparando. A veces sale mejor la segunda tienda más barata con envío gratis. Haz la cuenta completa.
Y ya está. Esto es todo lo que necesitas para la primera compra.
No hace falta ser experto. Hace falta saber cinco palabras, elegir metal, elegir formato y comparar el precio antes de pagar.
Lo primero ya lo tienes. Lo último te lo dejo a un clic: oro y plata, actualizados cada pocos minutos.
Cualquier duda, tienes las preguntas frecuentes o el contacto. Leo todo.
Que la primera moneda sea la primera de muchas.